Por época

Relatos de viaje del siglo XVIII

El siglo XVIII convierte el viaje en un asunto de conocimiento. El navegante ya no es solo un mercader o un conquistador: embarca astrónomos, botánicos y dibujantes, y trae de vuelta mediciones, herbarios y vocabularios. Las academias y los Estados financian expediciones cuyo fin declarado es conocer la Tierra, aunque la rivalidad entre Francia, Inglaterra, España y Rusia nunca anda lejos.

La cuestión de la forma de la Tierra da lugar a dos célebres expediciones de la Academia de Ciencias de París: Maupertuis en Laponia en 1736-1737, La Condamine en Perú y luego por el Amazonas, de 1735 a 1744, con los marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Vitus Bering, al servicio de Rusia, muere en 1741 en una isla del Pacífico Norte durante la gran expedición de Kamchatka. El Pacífico se convierte en escenario de vueltas al mundo: George Anson regresa en 1744 con un galeón de Manila apresado y una fracción de sus tripulaciones, Louis-Antoine de Bougainville hace escala en Tahití en 1768, La Pérouse desaparece en 1788 con sus dos fragatas. Con el cronómetro de John Harrison, los marinos disponen por fin de un medio para calcular la longitud en el mar.

En tierra, los viajeros se adentran en regiones que Europa apenas conocía. La expedición danesa a Arabia, que parte en 1761, regresa con un único superviviente, Carsten Niebuhr, cuya descripción del Yemen hace época. James Bruce alcanza las fuentes del Nilo Azul en 1770; la Asociación Africana, fundada en Londres en 1788, envía a Mungo Park hacia el Níger. En Egipto y Siria, Volney publica en 1787 un viaje que prefiere el análisis político a lo pintoresco. Los europeos no son los únicos que viajan y escriben: las embajadas coreanas que van cada año a Pekín producen diarios atentos a la China de los Qing, y el funcionario manchú Tulišen trae de su misión ante los calmucos del Volga un relato que se traducirá al inglés en 1821.

El público nunca ha sido tan amplio. El abate Prévost emprende en 1746 una Historia general de los viajes que reúne en francés lo esencial de las relaciones conocidas; las Cartas edificantes y curiosas de los jesuitas y la Descripción de China de Du Halde, de 1735, alimentan la pasión de la Ilustración por China. El relato de viaje se vuelve una herramienta de pensamiento: Montesquieu inventa en 1721 a dos persas para mirar París, Swift parodia el género con Gulliver, Diderot responde a Bougainville con un Suplemento en el que un viejo tahitiano juzga a los europeos. El Grand Tour, que lleva a los jóvenes acomodados a través de Francia e Italia, produce por sí solo una abundante literatura, cuyo modelo sigue siendo el Viaje a Italia de Goethe.

Este siglo desconfía de lo maravilloso y lo persigue. Se burla de las relaciones crédulas, exige fechas, distancias, latitudes, dibujos tomados del natural. Lady Mary Wortley Montagu, desde Constantinopla, se ríe de los viajeros que describen lo que no han visto, y trae de Turquía la inoculación contra la viruela. Pero el mito se desplaza más que desaparece: Tahití se convierte en la nueva Citera, el buen salvaje sustituye a los monstruos de los mapas antiguos y la Patagonia conserva mucho tiempo sus gigantes.

Esta sección reúne nuestras ediciones de relatos de este siglo y un repertorio de textos afines, para leer cada uno en el siglo que quiso medir el mundo antes de juzgarlo.

Nuestros títulos sobre este tema

Siglo XVIII

Para leer también: relatos y obras sobre el mismo tema

Relatos y obras en torno a este tema, por orden cronológico, para situar nuestros títulos. Cada uno enlaza con una edición libre en línea cuando existe, o con nuestra ficha cuando la obra forma parte de nuestro catálogo.