Por época

Relatos de viaje de la Edad Media

Esta sección reúne los relatos de viaje de la Edad Media en sentido amplio: todo lo anterior al siglo XVI desde el final de la Antigüedad, de los navegantes nórdicos del siglo X a los marinos portugueses que doblan el cabo de Buena Esperanza en 1488. En la Edad Media se viaja mucho más de lo que solemos pensar, pero despacio: a pie, a caballo, a lomos de camello o en naves que siguen la costa, y cada partida supone meses, a veces años.

Los motivos tienen poco que ver con la pura curiosidad. Se viaja para rezar: a Jerusalén, Roma o Santiago de Compostela los cristianos, a La Meca los musulmanes, cuya peregrinación mueve cada año multitudes desde el Atlántico hasta la India. Se viaja para comerciar, por las rutas de caravanas de la seda y del incienso, hacia las factorías venecianas y genovesas del mar Negro, al ritmo de los monzones del océano Índico. Se viaja para negociar: en 921, Ibn Fadlán acompaña la embajada del califa de Bagdad ante los búlgaros del Volga; en el siglo XIII, los franciscanos Juan de Pian del Carpine y Guillermo de Rubruck atraviesan Asia hasta la corte del gran kan mongol. Y se viaja, por último, para asentarse: hacia el año 1000, nórdicos llegados de Islandia y Groenlandia alcanzan las costas de América del Norte, cinco siglos antes de Colón.

Estos viajeros no pertenecen a un solo mundo. Benjamín de Tudela, judío navarro, visita hacia 1170 las comunidades judías del Mediterráneo y del Próximo Oriente; el andalusí Ibn Yubair narra su peregrinación de 1183; el tangerino Ibn Battuta recorre durante casi treinta años el mundo islámico, de África occidental a China. En el otro extremo de Eurasia, las flotas chinas del almirante Zheng He llegan entre 1405 y 1433 a Arabia y a la costa oriental de África. El castellano Ruy González de Clavijo es recibido por Tamerlán en Samarcanda en 1404, y el mercader ruso Afanasi Nikitin llega a la India a través de Persia en la década de 1470.

El relato nace a menudo después del viaje, y a varias manos. Marco Polo dicta sus recuerdos en 1298 a Rustichello de Pisa, su compañero de cautiverio en una prisión genovesa; Ibn Battuta confía los suyos al erudito Ibn Yuzayy por orden del sultán de Fez. Se escribe para un príncipe, para una orden religiosa, para una comunidad de fieles, y el texto circula en manuscritos copiados, traducidos, resumidos e iluminados. Sirve de informe diplomático, de guía de peregrinos, de inventario de mercancías y peajes.

La relación con la verdad obedece a reglas distintas de las nuestras. El viajero cuenta lo que ha visto, pero también lo que le han contado y lo que ya afirmaban las autoridades antiguas, la Biblia, Plinio o Solino. Los mapas de la época, del mapamundi de Hereford al Atlas catalán de 1375, sitúan Jerusalén en el centro y pueblan los márgenes de razas monstruosas. Se busca el reino del Preste Juan y se coloca el paraíso terrenal en Oriente. Los Viajes atribuidos a Juan de Mandeville, hábil compilación sobre tierras que su autor probablemente nunca vio, se leyeron más que Marco Polo. Leer estos textos es aprender a distinguir la observación exacta, a menudo notable, de lo maravilloso que la enmarca.

Esta sección reúne nuestras ediciones de textos anteriores al siglo XVI y un repertorio de relatos afines, testigos de un mundo conocido que las navegaciones oceánicas iban a redibujar.

Nuestros títulos sobre este tema

Siglo X

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Siglo XV

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