Región y época

Exploradores del Pacífico en el siglo XVIII

En el siglo XVIII, el Pacífico es ante todo un problema de navegación. El océano cubre un tercio del globo, las escalas son escasas y no se sabe calcular la longitud: se pasa de largo junto a las islas, se vaga durante semanas. El escorbuto diezma las tripulaciones, y hay que esperar a 1753 para que el médico escocés James Lind demuestre el efecto de los cítricos, lección que las armadas tardarán décadas en aplicar. Desde 1565, solo el galeón de Manila cruza cada año el océano, entre Asia y México, por una ruta inmutable. La exploración no se vuelve sistemática hasta después de la guerra de los Siete Años: en 1764-1766, John Byron completa en menos de dos años una vuelta al mundo que abre la serie.

La década siguiente es decisiva. Philip Carteret descubre Pitcairn en 1767; Jean-François de Surville bordea Nueva Zelanda en 1769. El 3 de junio de ese año, astrónomos apostados en Tahití y en muchos otros puntos del globo observan el tránsito de Venus por delante del Sol para calcular la distancia entre la Tierra y el Sol. En 1772, Marion Dufresne muere a manos de los maoríes en Nueva Zelanda, mientras el virrey del Perú envía a Tahití barcos y misioneros para afirmar los derechos de España.

Estos viajes son también encuentros, y los isleños tienen en ellos su parte. El tahitiano Ahutoru sigue a los franceses hasta París en 1769 y se aficiona a la Ópera; muere en el viaje de regreso. Los relatos europeos, eruditos o ingenuos, describen las canoas dobles, los tatuajes, las ceremonias, los intercambios de regalos y la violencia que acompaña casi cada escala. Atestiguan sin saberlo la pericia de los navegantes polinesios, que habían poblado ese mismo océano siglos antes, sin brújula ni carta escrita.

El final del siglo instala a los europeos de forma duradera. En enero de 1788, la Primera Flota desembarca en Botany Bay a los presidiarios que fundan Sídney. En 1789, la tripulación de la Bounty, encargada de llevar el árbol del pan de Tahití a las Antillas, se amotina: William Bligh y dieciocho hombres recorren más de seis mil kilómetros en una lancha, mientras los amotinados se esconden en Pitcairn. D'Entrecasteaux parte en 1791 en busca de La Pérouse, sin encontrarlo, y levanta de paso las costas de Tasmania y de Nueva Caledonia. De 1789 a 1794, el italiano Alejandro Malaspina dirige para España una expedición científica de un extremo a otro del Pacífico.

Esta sección reúne nuestras ediciones y un repertorio de textos afines, para seguir el siglo en que el Pacífico entró en el mapa del mundo europeo y en sus debates.

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