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Historia de Brunéi: el sultanato contado por sus primeros viajeros

Antes que los europeos, fueron los chinos quienes describieron Brunéi. Los anales de la dinastía Song mencionan Boni, en la costa noroeste de Borneo, un reino que envió una embajada a la corte en 977; hacia 1225, Zhao Rugua, inspector del comercio marítimo de Quanzhou, habla de su alcanfor, de sus casas techadas con palma y de un rey rodeado de guardias. En 1408, el soberano de Boni murió en Nankín, adonde había ido a rendir homenaje al emperador Yongle, y su tumba aún puede visitarse. En Java, el poema cortesano Nagarakertagama cuenta en 1365 a Barune entre las tierras vinculadas a Majapahit.

Ya islamizado, el sultanato vivió su apogeo con Bolkiah, hacia 1500, cuando su influencia abarcaba el norte de Borneo y llegaba hasta Manila. La isla entera debe su nombre europeo, Borneo, al de Brunéi. Los portugueses de Malaca registran a sus mercaderes desde 1512 y envían allí a Jorge de Menezes en 1526. Pero la primera gran descripción es la de los supervivientes de la expedición de Magallanes, que llegaron en julio de 1521: una ciudad levantada sobre pilotes en medio del agua, miles de hogares, elefantes cubiertos de seda, porcelanas de China y un rey al que solo se podía hablar a través de una cerbatana.

En 1578, el gobernador de Filipinas Francisco de Sande atacó la ciudad y la ocupó unas semanas: es la llamada guerra de Castilla, que las crónicas españolas relatan con detalle. El siglo XVII trajo una larga guerra civil, de 1660 a 1673, y un retroceso frente al sultanato de Joló. En el siglo XVIII, el hidrógrafo Alexander Dalrymple recorrió estas aguas para la Compañía Británica de las Indias Orientales, que intentó abrir una factoría en Balambangan en 1773.

El siglo XIX es el de la mirada británica. James Brooke, nombrado rajá de Sarawak en 1841 con el consentimiento del sultán, combatió a los piratas junto al capitán Henry Keppel, y la isla de Labuán fue cedida a Gran Bretaña en 1846. El naturalista Hugh Low, el cónsul Spenser St John y el marino Frank Marryat describieron entonces el Kampong Ayer, la aldea sobre el agua, la corte, el comercio del sagú y un reino que sus vecinos iban recortando. El país conserva también su propia memoria: la Silsilah, genealogía de los sultanes, y la inscripción de la Batu Tarsilah, grabada en 1807. Protectorado británico desde 1888, con un residente desde 1906, Brunéi cambió de destino con el petróleo de Seria, hallado en 1929.

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