Por país

Alemania en la Edad Media y después: de la Germania antigua a los viajeros del siglo XIX

El primer testigo conocido de estas tierras fue un griego de Marsella: hacia el 325 antes de nuestra era, Piteas costeó el mar del Norte y dio noticia de su ámbar. Julio César cruzó el Rin en el 55 a. C. y describió pueblos sin ciudades que cambiaban cada año de campos. En el año 98, Tácito retrató en su Germania a unas tribus libres, recias y leales a sus jefes, un retrato que Europa releería durante siglos como un espejo. Tras la derrota de Varo en el bosque de Teutoburgo, en el año 9, la frontera romana se detuvo en el Rin y el Danubio.

El cristianismo llegó de fuera. Monjes irlandeses y luego anglosajones, entre ellos Bonifacio, muerto en 754, fundaron abadías y obispados; Carlomagno sometió a los sajones a finales del siglo VIII. Hacia 965, un mercader judío de Tortosa, Ibrahim ibn Yaqub, visitó la corte de Otón I y describió Maguncia, donde se vendían pimienta y jengibre y circulaban dírhams acuñados en Samarcanda.

A finales de la Edad Media, Alemania era sobre todo tierra de paso: peregrinos camino de Roma o de Santiago, mercaderes de la Hansa, prelados italianos llegados al concilio de Constanza entre 1414 y 1418. Eneas Silvio Piccolomini, futuro papa Pío II, escribió en 1457 una Germania que alababa la riqueza de Núremberg, Augsburgo y Colonia. El hallazgo del manuscrito de Tácito en esos mismos años empujó a los humanistas alemanes, con Conrad Celtis a la cabeza, a describir ellos mismos su país.

En los siglos XVI y XVII, los viajeros anotan la Reforma, los relojes, las estufas y las posadas: Montaigne atraviesa Suabia y Baviera en 1580, el inglés Fynes Moryson recorre el Imperio en 1591 y 1592, Thomas Coryat remonta el Rin en 1608. La guerra de los Treinta Años, de 1618 a 1648, deja el país asolado. En el siglo XVIII, lady Mary Wortley Montagu pasa por Núremberg, Dresde y Hannover en 1716, y Voltaire vive junto a Federico II en Potsdam de 1750 a 1753.

El siglo XIX inventa la Alemania romántica. Germaine de Staël termina De l'Allemagne en 1810; confiscado por la policía de Napoleón, el libro sale en Londres en 1813 y revela a los franceses el país de los poetas y los filósofos. Victor Hugo remonta el Rin entre 1838 y 1840, los ingleses lo bajan en barco de vapor y el estadounidense Mark Twain desciende el Neckar en balsa en 1878. Después de 1871, ante el imperio unificado por Bismarck, la mirada extranjera se vuelve inquieta.

Este dossier reúne nuestras ediciones de relatos de testigos y un repertorio de otros relatos antiguos sobre Alemania.

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